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sábado, 6 de agosto de 2016

Venezuela: un país en agonía.

Estimados conciudadanos del mundo, sabemos que la historia de la humanidad está llena de episodios vergonzosos en los cuales el poder, por el poder, ha subyugado al ser humano hasta límites inimaginables, en las narices del resto de la humanidad; que si nos damos por enterados es como ejercicio de recuento histórico o bien como espectadores inánimes, indiferentes, porque "eso" no nos está sucediendo a nosotros, "eso" está a miles de kilómetros de nuestro confort, "eso" no sucederá nunca en mi país, sin preguntarnos siquiera ¿habrá algo que YO pueda hacer? Probablemente esto sea lo normal, definitivamente no es lo correcto.

En 1992 Venezuela era un país con los problemas típicos de un país rentista, tercer mundista pero con gran potencial de desarrollo, dependiente en gran medida de los vaivenes de los precios petroleros pero no exclusivamente. Había índices de pobreza que no se correspondían con las capacidades teóricas del estado para desarrollar mecanismos que condujeran a subsanar desequilibrios y reducir desigualdades, creando oportunidades para todos. Había descontento social de los grupos socioeconómicos más vulnerables, que constituyen la mayoría de la población, pero también de la clase media que quería, como es natural y deseable, seguir progresando. Sin embargo no era un país en caos, no era un país violento, no era un país sin oportunidades laborales, no era un país políticamente secuestrado, no era un país en las fauces del hambre.

En ese entonces un barril de petróleo se vendía en nueve dólares.

Esos descontentos, unidos a la épica de nuestras raíces como nación, con la gesta emancipadora de Simón Bolívar a la cabeza, cuyo cultivo y exacerbación en la política, historiografía y, en consecuencia, imaginario popular, convirtieron a un soldado bien apercibido de todo esto, ambicioso, ególatra y traidor, en el protagonista de un fallido golpe de estado en 1992 que, gracias al impacto de los medios y a la blandenguería de Rafael Caldera (presidente que otorga el sobreseimiento de la causa), seis años después, 1998, usando los canales que la democracia facilita, llegó a la Presidencia, para luego destruir, como quien quema la escalera que lo llevó a las alturas, para impedir que alguien más pudiera hacerlo, la democracia misma, sentando las bases de una dictadura bajo su poder omnímodo. Allí comenzó a escribirse una tragedia que hoy, después de 17 años, tiene la cara de una crisis humanitaria en pleno desarrollo y con serias probabilidades de convertirse en una guerra civil.

Hugo Chávez Frías, después de 14 años en el poder, se escapó de lo que debió ser un justo y karmático castigo a su super ego, a su narcisismo, a su resentimiento, a su ristra de errores y malas intenciones al morir víctima de un severo cáncer y supuesta mala praxis de sus médicos cubanos; se escapó porque debió ser él quien cosechara lo que sembró, debió ser él quien respondiera al por qué hay venezolanos comiendo de la basura y muriendo en manos de la delincuencia desatada así como por falta de medicinas y atención médica, luego que se vendiera como el gran benefactor de los pobres, a quienes solamente uso como material electoral.

Durante su mandato los precios petroleros experimentaron la subida más alta en la historia, llegando a US$ 147.25 el Brent y la cesta venezolana a promedio de US$ 109.45. Se estima que los ingresos del país durante su ejercicio del poder estuvieron por encima de los US$ 1.500.000.000.000,00 una suma de dinero descomunal que se dilapidó entre la compra de voluntades con fines electorales, regalos y onerosas concesiones a países latinoamericanos a cambio de apoyos regionales e incluso a países europeos y alguna ciudad en EEUU, compra grosera de armamento, pésimas inversiones y, sobre todo, una brutal corrupción que creo toda una nueva élite económica, llamada "boliburguesía", de millonarios en dólares, convirtiendo a sujetos que antes de llegar a cargos públicos no tenían, literalmente, "donde caerse muertos" en potentados con cuentas en paraísos fiscales de miles de millones de dólares, amén de propiedades lujosas en el "odiado imperio" (EEUU) y otros variados y selectos lugares del mundo.

Hugo Chávez, nadie sabe a ciencia cierta por qué, invistió a Nicolás Maduro Moros, individuo sin formación académica, carisma o capacidad de maniobrar en los mares turbulentos que le legaba su mentor, como su heredero poco antes de viajar por última vez a La Habana para realizarse una operación, la cuál, algunos aseveran, fue lo que lo llevó a la muerte, allá, en Cuba, en diciembre de 2012. Dejó la encomienda al PSUV, el partido político de la revolución, de elegirlo como nuevo presidente si el llegaba a estar incapacitado para continuar en la presidencia. Así sucedió, con una muy estrecha diferencia, de 1.5% de los votos, con respecto al candidato opositor, Henrique Capriles, que contribuyó a profundizar la polarización, los odios y las tensiones políticas y sociales en Venezuela. Los reclamos de la oposición por una auditoría apropiada de los votos no prosperó, haciéndose en su lugar una pantomima de la cual fue cómplice la comunidad internacional, especialmente Unasur y OEA con su tibia actitud ante palmarias evidencias de un fraude continuado por parte del gobierno, prevalido de todo el poder del Estado.

Han pasado tres años desde entonces y no podía haber resultado peor. No es descabellado pensar que al final del día Hugo Chávez odiaba a Venezuela o a los venezolanos y por ello dejó las directrices para investir a Maduro de un poder que no podría manejar, para que no hubiera posibilidad de que lo "superaran" o más aún, dada la lealtad perruna de Maduro a los Castro, para terminar de instalar ese absurdo modelo comunista cubano que acabó con la dignidad de la vida de los ciudadanos de esa isla, en principio, y que ahora lleva a los venezolanos por la calle de la amargura. El coctel de mala administración y destrucción del aparato productivo del país llevado a cabo sistemáticamente durante diecisiete años, la asunción de copartidarios en todos los cargos del Estado, civiles y militares, sin capacidad para desempeñar exitosamente sus funciones y la caída de los precios del petróleo hicieron estallar en mil pedazos el espejismo castrochavista; ya no hay dólares para solapar con importaciones de hasta el aire que respiramos, la incapacidad, la desidia y la corrupción. El tejido empresarial y productivo está roto y el social es una degradante miseria por donde se le mire.

Hoy en Venezuela hay hambre porque las distorsiones económicas ocasionadas por el modelo castrochavomadurista (Castro, Chávez y Maduro) han ocasionado una crítica escasez de los artículos básicos de la dieta del venezolano como harinas de maíz y trigo, arroz, pastas de sémola, margarinas, azúcar, leche, café, crema dental, pañales, jabón de baño, detergentes, fórmulas lácteas para bebés, entre otros, mientras carne pollo y pescado se consiguen a precios que rondan un tercio del salario mínimo mensual el kilogramo y la charcutería, por ejemplo el jamón de pierna, cuesta aun más. Hay hambre porque las posibilidades de generar más ingresos en la familia están severamente reducidas dado los altos índices de desempleo y la dificultad de conseguir insumos para pequeños emprendimientos como la venta de comida popular, perros calientes (hot dogs), empanadas, arepas, que han sido tradicionalmente formas de ganarse la vida para muchos. A diario cierran empresas que ya no pueden soportar la crisis y con ello se incrementa el desempleo y la desesperanza. Las colas (filas) de personas esperando a las puertas de los supermercados que llegue alguno de los productos básicos que aún tienen precios controlados son kilométricas y generalmente comienzan en la noche del día anterior a la compra, que está reglamentada por el número terminal del documento de identidad, lo cual le deja a cada persona sólo un día de oportunidad para "tentar la suerte" de que después de muchas horas de espera no le digan que no hay nada.


Comen de los desperdicios de los restaurantes para paliar el hambre.


Todo esto ha generado una nueva suerte de comerciantes inescrupulosos, personas a motu propio pero también grupos organizados en los cuales se dice hay funcionarios del oficialismo, policías y militares involucrados, que son llamados "bachaqueros", que se hacen por todos los medios posibles, incluyendo las amenazas, la violencia, extorsión y el soborno, de los productos de la dieta básica para luego revenderlos a precios diez veces por encima de su valor. Esto incluye medicamentos.

Mientras tanto, el régimen sigue empeñando todos los esfuerzos que debería estar utilizando para solventar la crisis en estrategias y tácticas para mantenerse en el poder a toda costa, evitando la ejecución del recurso constitucional del Referéndum Revocatorio que de realizarse en 2016, como debe ser, ejectaría del poder no solo al presidente sino a todo el gobierno; de postergarse, como es la intención del régimen, para el 2017, sacaría a Nicolás Maduro de la presidencia pero todo lo demás quedaría igual. Estos esfuerzos incluyen la violencia física y encarcelamiento contra los opositores, como Leopoldo López, que lleva más de dos años injustamente preso en una cárcel militar, pero sobre todo la violencia institucional. Aun más descaradamente que cuando Hugo Chávez gobernaba, el régimen de Maduro ha terminado de quitarse la careta administrando al Tribunal Supremo de Justicia como se administra a un bufete privado de abogados para, torciendo groseramente la Constitución, anular todos los actos de la mayoritariamente opositora Asamblea Nacional, que es el Congreso o Parlamento de la República, elegida por abrumadora mayoría de votos en las elecciones del pasado 6 de diciembre de 2015 e instalada el 5 de enero del año en curso y que constituye en estos aciagos momentos la única institución legítima del Estado. Los intentos del ente legislativo por ejercer sus funciones constitucionales y liderar una re institucionalización de Venezuela son diariamente pisoteados por el régimen a través de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que anula arbitrariamente sus resoluciones y los constantes gruñidos de Nicolás Maduro quien ha amenazado con disolver el Parlamento, con lo cual se desconoce la voluntad del electorado que les eligió, dando fe de cuán demócrata es el régimen en el poder y agregando condimentos a este explosivo caldo del cual la ciudadanía da cada día más muestras de estar harta.

Nuestra situación es real y abrumadoramente crítica. Hay hambre, desnutrición; la gran mayoría de los venezolanos hemos perdido peso en escalas que van, entre la gente que conozco y con quienes converso en las colas (filas), entre 10 y 25 kgs. El hambre constante por la baja ingesta de calorías es un castigo que no se merece ningún ser humano, sobre todo si los recursos que su país produce han sido suficientes para que su nivel y calidad de vida estuviera a nivel de los países de primer mundo, de no haber ido a parar al bolsillo de los corruptos o a las arcas de otros países a quienes se les ha comprado no sólo mercaderías sino también conciencias para mantener silencios cómplices ante los crímenes de lesa humanidad que aquí se están cometiendo.

La única salida viable, en el marco democrático, pacifica y electoral es el referendo revocatorio, es un derecho contemplado en nuestra Constitución y debe ser realizado sin los obstáculos que está interponiendo el régimen, este año. Cualquier otra cosa apunta a la permanencia de facto del régimen en el poder y la profundización de la crisis humanitaria. Necesitamos del concurso de cada venezolano para hacer valer nuestro derecho a un cambio de gobierno que traiga a la vez el cambio del modelo económico que nos ha arruinado; pero también necesitamos de la ayuda internacional. Organismos como la OEA y ONU deben actuar de manera contundente para que el régimen respete la Constitución, los presidentes de los países democráticos del mundo deben alzar enérgicamente su voz para exigirlo.

Estimados conciudadanos del mundo, sabemos que la historia de la humanidad está llena de episodios vergonzosos en los cuales el poder, por el poder, ha subyugado al ser humano hasta límites inimaginables, en las narices del resto de la humanidad; que si nos damos por enterados es como ejercicio de recuento histórico o bien como espectadores inánimes, indiferentes, porque "eso" no nos está sucediendo a nosotros, "eso" está a miles de kilómetros de nuestro confort, "eso" no sucederá nunca en mi país, sin preguntarnos siquiera ¿habrá algo que YO pueda hacer? Probablemente esto sea lo normal, definitivamente no es lo correcto.

Ojalá, los ciudadanos que conocen de nuestra situación quieran también hacerse presentes de alguna forma. Habrá todo un país agradeciéndoles.

José Bianco

PD:
Como una forma de captar recursos para ayudar a alguna gente muy necesitada de nuestro entorno estamos construyendo esta iniciativa a través de la cual ofrecemos a usted una tarjeta de Navidad electrónica con motivos venezolanos que podrá descargar gratuitamente y, si desea ayudar, hacer un donativo. No somos una ONG ni una institución de caridad registrada, tampoco buscamos lucrar de esta tragedia; simplemente queremos hacer lo que esté a nuestro alcance para ser útiles a y solidarios con nuestros hermanos. Cualquier aporte a través de la cuenta PayPal será profundamente agradecido.

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sábado, 9 de mayo de 2015

Venezuela: ¡Perversidad en grado de excelencia!

El artículo que anexo a continuación es una síntesis macabra de lo que ocurre en Venezuela. ¿Cómo se puede explicar que un Gobierno haga esto? No existe referencia alguna de racionalidad, de responsabilidad con las funciones del Estado que justifique tamaña distorsión social, rayana en crimen de Lesa Humanidad. 

Y es así como se está manejando todo en mi desgraciado país, porque lo que ha hecho el castrochavismo con Venezuela es eso, desgraciarla a niveles impensables, en lo económico, lo moral, lo social, en la aplicación de justicia, en la autoestima misma de cada venezolano de bien.

¿Es parte del "plan"? ¡Perversidad en grado de excelencia!



SANTUARIOS DE DELINCUENTES PROTEGIDOS POR EL RÉGIMEN: “Zonas de paz” encubren reinado de terror del hampa

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DolarToday / May 8, 2015 @ 4:00 pm
Los constantes episodios de violencia que ocurren en los complejos urbanísticos desarrollados por el Gobierno venezolano del programa Misión Vivienda, o la zozobra permanente en la que viven los habitantes de las “Zonas de Paz” instauradas por el Ministerio del Interior, pueden atribuirse a hechos cotidianos que ocurren como consecuencia de los altos índices de violencia que hay en toda Venezuela; sin embargo, la realidad se esconde detrás de mecanismos de control social que ha implementado el Gobierno venezolano, en los cuales se les ha permitido a grupos delictivos que sean los que establezcan normas de convivencia al margen de las leyes.
panampost.com / Thabata Molina
La masacre ocurrida el pasado 26 de abril en el complejo urbanístico Lomas de Guadalupe II, en Ocumare del Tuy, a una hora de Caracas (en una “Zona de Paz”), donde fueron asesinadas diez personas que se encontraban en una fiesta, mostró al país el verdadero rostro de la anarquía y la impunidad instaurada en estas áreas protegidas por el Gobierno venezolano.
Los diez asesinados (seis de ellos de una misma familia) y tres heridos, fueron separados del resto de los asistentes a la fiesta por los pistoleros y luego masacrados sin piedad, en una balacera que duró 20 minutos. El urbanismo, que congregaba a 60 familias, quedó prácticamente vacío después del hecho, porque los exresidentes tienen miedo a las bandas criminales que operan en la zona.


No solo fueron estas 10 víctimas en un mismo episodio, sino que al día siguiente, un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana fue asesinado por la explosión de una granada, en pleno operativo que realizaban en otro complejo de Misión Vivienda, conocido como Betania II, para hallar a los homicidas que participaron en la masacre.
¿Cómo empezó todo esto?
En septiembre de 2013 se comenzó a hablar de las ahora famosas “Zonas de Paz”, implementadas en los municipios con los índices delictivos más altos del estado Miranda, en el centro de Venezuela, como parte del “Movimiento Por la Paz y la Vida”, impulsado por el Gobierno de Nicolás Maduro. Se decía que la intención era desmovilizar a las bandas delictivas de la zona, a fin de incorporarlos a la sociedad, a través del trabajo comunitario y el desarme voluntario.
El discurso oficial pretende ahora hacer ver que no existen tales “territorios de Paz”, a pesar de que durante los últimos 18 meses, José Vicente Rangel Ávalos, viceministro de Política Interior y Seguridad del Ministerio de Relaciones Interiores ha hablado en reiteradas oportunidades sobre el trabajo que supuestamente estaba realizando su despacho en estas localidades.


En un informe elaborado a finales de 2014 por el Grupo Antiextorsión y Secuestros de la Guardia Nacional, los militares advertían que en el área de Barlovento, en el estado Miranda, estas zonas de paz se habían vuelto “campo de actuación criminal”, a consecuencia de las constantes restricciones que tienen los organismos de seguridad del Estado de hacer procedimientos e investigaciones en estos sectores delimitados por las autoridades del Ministerio de Relaciones Interiores. El informe señala la existencia de por lo menos seis bandas delictivas dedicadas a la extorsión, el secuestro, narcotráfico y sicariato en esa zona, que está a menos de cien kilómetros de la capital.
A su vez, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, que es la principal policía de investigación criminal de Venezuela, también recibió órdenes directas de no realizar procedimientos en las Zonas de Paz. En un comunicado enviado a los funcionarios se les ordenó que, en caso de que ocurra alguna irregularidad en estas áreas protegidas, solo deben ser notificadas a la superioridad.
Estas medidas fueron ordenadas a consecuencia de lo ocurrido en enero de 2014, cuando un grupo de delincuentes, conocidos como “Los Orejones”, tomaron el pueblo de Ocumare del Tuy y amenazaron con atacar la sede del Cicpc, después que tres de sus integrantes fueran ultimados en un procedimiento con la policía científica. Los delincuentes cercaron la entrada al pueblo y con sus armas largas amedrentaron a los habitantes y comerciantes de la población, sacaron a los niños de los colegios y amenazaban con arremeter contra los cuerpos de seguridad.
“Esto se va poniendo cada vez peor; los medios que utiliza el Gobierno y que para controlar a los delincuentes son pura pantalla, porque por debajo lo que hay es apoyo al crimen. Las zonas de paz son auténticos refugios de malandros, que solo han servido para el aumento de la delincuencia. De eso puede dar fe cada una de las policías de esas zonas y la gente que vive ahí. Esa es una prueba de la protección del delito por parte del Estado”, expresó el padre Alejandro Moreno, quien es psicólogo y doctor en Ciencias Sociales con más de 30 años de experiencia en trabajo social en barrios de Caracas.
En principio se dijo que lo que se buscaba con las “Zonas de Paz” era evitar los enfrentamientos entre bandas delictivas. Se trataba de una especie de pacto de no agresión entre grupos, con la intención de reducir la cantidad de homicidios en esas áreas. Sin embargo, al prohibírseles a los cuerpos policiales la realización de operativos en estos lugares, las bandas criminales dejaron de enfrentarse entre ellas, pero continuaron azotando a sus comunidades.
“¿La gente del Gobierno pensó que con un discurso de amor y paz iba a apaciguar la violencia? Lo que hicieron fue crear espacios para resguardar más delincuentes. Esas zonas de paz son solo un refugio de criminales a los que no tiene acceso la policía”, expresó Javier Gorriño, exfuncionario de la antigua Policía Técnica Judicial.
Tanto Gorriño como otros expertos han señalado que el Gobierno utiliza la violencia de los delincuentes para cohibir a la población de protestar. El secretario de la opositora Mesa de la Unidad Democrática, Jesús Torrealba, señala que “los colectivos (grupos paramilitares prooficialistas) apoyan al Gobierno cuando el Goblos llama, y mientras no los llaman, con las armas que les dio el Gobierno, roban y matan a la población”.+
Desde la cárcel para la sociedad
La misma ola de violencia de las zonas de paz se replica con regularidad en las estructuras de Misión Vivienda. La falta de control y supervisión dentro de esas comunidades ha hecho que prolifere la estructura de organización idéntica a la que impera en las cárceles venezolanas, donde un “pran” o líder se impone, se hace acompañar de un grupo armado y someten a los habitantes de los edificios.
“Es que la estructura de las cárceles está pasando a la sociedad. Todo parece un plan del Gobierno, donde se les va dando poder a estos “pranes”, que normalmente están vinculados del alguna manera al poder del Gobierno, para que sometan a la gente. Ellos no hacen nada por eliminarla, sino que más bien las organizan”, expresó Moreno.
No es casual que justamente de un urbanismo de Misión Vivienda ubicado en el oeste de Caracas hayan vivido los delincuentes que asesinaron al diputado oficialista Robert Serra en octubre de 2014, después que su escolta Edwin Torres los contratara para tal fin. En esos mismos edificios (con unos 500 apartamentos cada uno, los más grandes de la Misión Vivienda en Caracas) y conocidos popularmente como “Rodeo I” y “Rodeo II”, en alusión a dos cárceles del estado Miranda, desde que fueron inaugurados en 2013 han ocurrido múltiples homicidios, allanamientos y enfrentamientos entre las bandas que allí operan.
De acuerdo con el diario venezolano El Nacional, solo durante los primeros 4 meses del 2014, han ocurrido 19 homicidios en distintos complejos de la Misión Vivienda en el área Metropolitana de Caracas. Estos hechos se han vuelto recurrentes en urbanizaciones construidas por el “chavismo”, donde la cotidianidad de sus habitantes incluye homicidios, tráfico de drogas y conflictos hasta por el control de los apartamentos.+
“No hubo ningún tipo de control sobre la gente que iba a vivir en esos apartamentos. Se le entregaron a cualquiera y poco a poco se fueron llenando de delincuentes. Ahí –en Misión Vivienda- hay gente que no está contenta con eso, que son sometidos por las bandas, que tienen que pagarles por seguridad a esos grupos de delincuentes que controlan todo, igual como sucede en las cárceles del país, que les cobran a los presos por respirar”, advirtió Gorriño.
El experto señaló que en el caso de los complejos habitacionales construidos por el Gobierno venezolano, la prohibición de las policías de entrar a estos edificios es un pacto similar al que las autoridades del Ministerio de Servicios Penitenciarios tienen con los pranes en las cárceles.
“Mientras ellos mantengan ‘la paz’ dentro de los penales, nadie se acuerda que existen los pranes. Lo mismo pasa en Misión Vivienda, mientras esos malandros se encarguen de mantener a la gente controlada y sometida, no habrá ninguna autoridad que entre a esos edificios a buscarlos”, dijo.
Todavía falta ver si verdaderamente se ejecuta la orden que fue dada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de “sacar de los apartamentos de los complejos de Misión Vivienda a todas aquellas personas que estén implicadas en la comisión de algún delito”, luego de que se cometieran los diez homicidios en Ocumare del Tuy.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Empeora la desgracia de Venezuela

CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

A Venezuela hay que verla con la conmiseración necesaria ante un pueblo que sufre de una pobreza autoinfligida por esa generación de gobernantes iluminados que ha fracasado rotundamente, pero que hoy no hay manera de sacar del poder.
Pero por más lejanos que nos sintamos de la terrible realidad de ese país, a Venezuela hay que verla también como un ejemplo de lo que no debemos nunca más repetir en este país.
Y es que hoy no son pocos los que a pesar de la evidente desgracia del pueblo venezolano alaban el modelo de socialismo bolivariano que ha destruido la economía y las esperanzas de los venezolanos.
No sólo eso, proponen que México adopte un modelo similar al venezolano y cuando les pides que justifiquen el rotundo fracaso aseguran que todo es culpa del complot y sabotaje de los oligarcas e imperialistas que se confabulan para descarrilar al socialismo del siglo XXI, como le llaman.
La inflación en Venezuela es apenas un cálculo de los analistas, ante la ausencia de información oficial, pero parece cercana a 80%, con una caída esperada del Producto Interno Bruto este año de 7 por ciento.
Y esto que debería ser más que suficiente para hacer correcciones importantes, es por el contrario un motor para insistir en las decisiones autodestructivas.
En un país en donde más allá de la inflación el problema es la escasez, Nicolás Maduro decretó un aumento de 30% a los salarios. En primer lugar, al Ejército, que lo mantiene en el poder, y después a los mínimos y a los burócratas.
Hoy en Venezuela la escasez de productos tan básicos como el azúcar o la leche en polvo alcanza 80% y en el terreno de las medicinas llega hasta 95 por ciento.
Es un país, por ejemplo, donde no hay anticonceptivos ni preservativos, es un país entonces camino a generarse además problemas demográficos y de salud.
La falta de lo básico en Venezuela no es un asunto generado por la caída en los precios del petróleo, porque aun en los tiempos de los barriles del crudo venezolano en más de 100 dólares, ya no había una gran cantidad de bienes disponibles.
Es un modelo autoritario fracasado, es la visión mesiánica de un Nicolás Maduro que viaja a todo lujo y despilfarra mientras su gente muere de hambre.
La mejor opción que tiene Venezuela es dar un giro total a las políticas populistas de izquierda que terminaron con esa economía, pero ante lo complicado que se ve que los chavistas dejen el poder, lo que queda es que desde esa cúspide emprendan las medidas correctivas urgentes que salven a la población y en una de esas hasta su propio pellejo.
Devaluación de su moneda, reajuste monetario, un pacto antiinflacionario y respeto a los demás agentes económicos serían tan sólo algunas medidas emergentes de salvamento.
Desde el exterior se condena la injusta encarcelación de los opositores, pero hay poco que hacer para cambiar el destino económico de ese país. Tristemente, hay que esperar a que se presente una crisis humanitaria por la falta de alimentos, antes de que pueda haber una condena mundial.
Por lo pronto, Venezuela ahí está como el ejemplo que muchos políticos de la llamada izquierda mexicana nos ponen como el modelo a seguir. Es ahí donde más nos vale estar bien informados.

martes, 31 de marzo de 2015

¿¡Qué pasa Chuo!?



Estimado Chuo, no te conozco personalmente pero como sucede con los hombres públicos como tú y que además, como tú, han sabido despertar profundas simpatías en muchísima gente, y me incluyo, te veo como si te conociera mejor que a muchas personas más cercanas. Eso me permite, como a la mayoría, llamarte "Chuo" en lugar de Jesús o "Sr. Torrealba"; también me facilita la acción de intentar comunicarme contigo de forma pública, porque de lo que quiero hablarte es de intereses colectivos del venezolano acogotado de estos días.

Creo que intentar esbozar un reconocimiento a tu inmensa labor como luchador social, para quedarme sólo con una de tus muchas facetas, sería un acto temerario porque aunque me documente lo más ampliamente posible lo más probable es que se queden muchos méritos en el tintero. Así que prefiero simplificarlo con una nota que exprese mi más profundo respeto y admiración a tu entrega y coraje porque el camino que has elegido no está pavimentado precisamente de rosas.

En septiembre de 2014, cuando asumes la secretaría de la Mesa de la Unidad Democrática, como muchísima gente, sentí un renacer de mi esperanza porque el desempeño de esa entidad cambiara para mejor, después de casi un año de estar en una especie de limbo y, como síntoma de ese cambio, poder volver a ver, oír, sentir, palpar, saborear un proceso de empatía con la gente y de esta con la MUD; no es que por "Jesús" te considere milagroso, ni que en ese momento ni ahora te endose la absoluta responsabilidad por el desempeño, bueno o malo de la mesa unitaria, sino que dada tu amplia y reconocida trayectoria como luchador social, cercano al sentir de los más necesitados, de los estratos populares que son la mayoría en nuestro país, podrías hacerle ver a los partidos allí reunidos la necesidad de una estrategia de oposición más consistente y consustanciada con el sentir de la gente, con el día a día del venezolano, con el abanico de errores de la clase gobernante, con una estrategia de, y en movimiento, que enrostre en su trágica magnitud la inercia del régimen ante los gravísimos problemas de todos los que vivimos y sentimos esta tierra; que haga digerir a cada venezolano, opositor o no, que hay un asunto de vital importancia que resolver y que ese asunto es el cambio del modelo de conducción del país, en lo político, económico y social, so pena de continuar, ineluctablemente, el camino hacia la ruina total de la nación y que, no por último menos importante, la Mesa de la Unidad Democrática es la representación viva de ese cambio, una entidad de lucha total en y por la primacía del Texto Constitucional como proyecto de país, confiable, motivadora y movilizadora de la sociedad en la exigencia de sus derechos diariamente vulnerados por quienes deben ser los garantes de estos. Reconozco como venezolano que ha vivido estos largos años de involución con los sentidos alerta que hay logros importantes que mostrar en el desempeño de la MUD desde su creación hasta las últimas elecciones presidenciales, llevando a la oposición desde la nada hasta ¿casi? ganar las elecciones de 2013; pero luego de esto parece haber caído en una especie de shock del cual aún no se repone y al que muchos lo califican como un mimetismo con el régimen y otros adjetivos que no voy a recrear aquí pero sé que conoces muy bien. 

Yo no aspiro a que la MUD sea la punta de lanza de una insurrección armada ni de ninguna otra acción que no esté en el marco democrático, de la Constitución, pero no puedo conformarme con que quienes pretenden representarme ante la jauría me traten de convencer de que no son lobos sino Poodles; que mucha calle no es buena porque alguien se puede poner bravo; que no importa que el CNE siga siendo el mismo que, según voceros opositores, hace lo que le da la gana; que no importa que cambien los circuitos electorales porque igual les ganamos por paliza; hasta llegar al exabrupto de manifestar rechazo a la resolución ejecutiva del gobierno de Estados Unidos en la cual declara a Venezuela como amenaza a la seguridad de este y decide sancionar a individualidades presuntamente incursas en violaciones a los DDHH de venezolanos, confiscando bienes y congelando cuentas bancarias ubicadas en esa nación, contentivas de dineros cuyo origen es dudoso, presuntamente producto de corrupción administrativa y hasta narcotráfico...¿por una cuestión de... "semántica", o de "entidades"? ¿no es Venezuela, es el "gobierno de Venezuela"..? El régimen que desgobierna a Venezuela es, para efectos de las relaciones internacionales, Venezuela; ¿a qué viene caerse a artilugios lingüisticos para no asumir la posición que todo venezolano decente, doliente de esta mancillada nación espera que asuman sus líderes? 

Me voy a permitir citar al periodista Luis García Mora en su excelente reflexión hecha en la columna Al límite // "Inmolarse inmolándonos", quién, en mi sentir y entender, interpreta de forma cabal, con respecto al caso de las sanciones, lo que mucha gente se pregunta acerca de la actuación general de la MUD como centro motriz de la oposición político-partidista:

"Porque, aclaremos algo: hay momentos en los cuales la construcción de una proposición política en los que no puedes dejar que te impongan una narrativa. Y menos en una situación tan caliente como la que enfrentamos en Venezuela."
"¿Por qué la oposición no termina de montarse sobre el potro salvaje y galoparlo con coraje, como se galopan las crisis? ¿Por qué no ponerse por encima del discurso gubernamental y pedirle a Estados Unidos que expliquen por qué han tomado estas decisiones y con base en qué se congelan las cuentas a esos siete señores?
¿Por qué no se informa y preguntan cómo es que estos señores tienen dinero en Estados Unidos (o donde sea) y les piden que enseñen al mundo esas cuentas? ¿ Y por qué no preguntarle a Washington cómo es que nos iguala con esos otros países a los cuales les han aplicado ese mismo procedimiento “legal normal”, como Siria o Birmania?
Hacer eso le impediría al Gobierno evadir y los obligaría a poner el acento en la corrupción y en esas fortunas no reportadas ni confesadas, hechas a la sombra del poder.
¿Y por qué no lo hacen entonces? ¿Complejos? ¿Miedo?"

Dinos Chuo, ¿qué opinas tú de estas inquietudes que cada día crecen más que las intenciones de votar de mucha gente? ¿por qué los arrepentidos del chavismo-madurismo no recalan en las estadísticas de la oposición sino que van a dar al rincón de los huérfanos? ¿por qué muchos opositores marcados a hierro se sienten parias sin representación? Y más allá me permito preguntarte: ¿qué va a pasar si las primarias, parciales, se constituyen en las Trompetas de Jericó de esa panacea llamada elecciones legislativas? ¿veremos un verdadero "golpe de timón" o seguiremos al garete y según como vaya viniendo vamos viendo?

Ya para terminar quiero citar al Profesor Antonio Sánchez García en su artículo "Primarias, secundarias o terciarias" en el cual retrata, de forma impecable, dos modelos, tendencias o formas de ver el momento político que vivimos, teniendo por un lado una especie de oposición basada en un desmesurado electoralismo, a pesar de la estofa probada y comprobada del régimen y en la misma acera pero separada por varias cuadras, una visión que integra factores ineludibles en el análisis de lo que vivimos y en las formas de oponerse, en consecuencia, sin que las elecciones estén excluidas y que en lo particular suscribo:

"Es una falacia de marca mayor pretender que quienes planteamos el desalojo como única forma de ponerle fin a esta pesadilla, pues consideramos con suficiente fundamento sociológico e histórico que una dictadura de este jaez no cede voluntariamente y de buen grado el poder que controla de manera dictatorial sino solo y únicamente empujada por la marea del rechazo popular –activo y actuante como un fulgor de masas–, rechazamos los procesos electorales y predicamos la abstención. Lo que no es ninguna falacia es reconocer que no hipostasiamos las elecciones y las tomamos en consideración como el único, exclusivo y excluyente medio e instrumento de acción política. Una cosa es rechazar el electoralismo, y otra muy distinta rechazar las elecciones."
Creo que a la sazón de esta vorágine, estimado Chuo, hay demasiadas preguntas sin respuesta, demasiado optimismo en un futuro que no se avizora, demasiadas posibilidades de que un régimen sin escrúpulos, aún con un 80% de rechazo, siga burlándose de un país entero mientras esperamos que "implosione", "se agote", "que bajen los cerros" o "que San Juan agache el dedo"; y me temo, Chuo, que terminemos acostumbrándonos a ese "status quo". 

Con mis mejores deseos y peticiones al Creador porque guíe tus pensamientos y decisiones,

José Bianco
Un ciudadano de a pie.

@nomecallolaboca



domingo, 29 de marzo de 2015

¡Conquístame!


Hace dos días, como respuesta a un tweet alrededor de los comentarios del trágico y complejo accidente aéreo de Germanwings y el inevitable, recurrente tema de esa otra tragedia, continuada, que es la conducción de los destinos de Venezuela por parte de Maduro y su "equipo", escribí lo que pueden ver en la imagen siguiente de Twitter: 

Hoy les quiero dejar un extraordinario artículo del periodista y estratega en comunicación e imagen Luis García Mora, con su tácito permiso, en el que, al menos yo, veo representadas mis ideas acerca de lo que estamos viviendo los venezolanos, de forma tan lapidaria, que no puedo desestimar la oportunidad de compartirlo en este sitio. Sobre todo porque tampoco puedo entender la posición del estamento político opositor en esa especie de "no tomar decisiones, es también tomar una decisión". 

No soy "anti MUD", no soy "anti política", votaré cuantas veces haya que hacerlo; pero si mi voto va a elegir algo, que por lo menos me convenzan de que lo que están haciendo es lo mejor, con propuestas y argumentos, con razonamientos que ganen mi confianza y no con silencios constructores de incertidumbre, dudas y desconfianzas. Esto es como el proceso de cortejo entre humanos, si uno quiere llegarle a una mujer u hombre que le gusta, el argumento no puede quedarse en que "yo soy mejor porque los demás son malos", hay que demostrar ese aserto y ponerle cariño, dedicación, sentido de la oportunidad, constancia y sobre todo, humildad. La cosa no es ¡ven y dame un beso!...¡conquístame!

Creo, sí, que la MUD coopera con el régimen; más no como un acuerdo para apuntalarlo en el poder, no como un acto consciente, sino que por miedo, por carencias que le impiden medir lo trascendental de asumir una posición de coraje, que no de violencia, ni fuera de la Constitución; por el contrario, muy a tono con nuestra Carta Magna. 



Y cito a García Mora, en este artículo:
"Porque, aclaremos algo: hay momentos en los cuales la construcción de una proposición política en los que no puedes dejar que te impongan una narrativa. Y menos en una situación tan caliente como la que enfrentamos en Venezuela."

Al límite // Inmolarse inmolándonos; por Luis García Mora



¿Cuántas veces, al comparar involuntariamente las despiadadas imágenes del duro acontecer, los periodistas profesionales experimentamos esa sensación de pérdida de equilibrio, de caída interior, de vértigo, cuando nos enteramos de un dramático episodio como el del vuelo GWI9525 de Germanwings?
Y, cuando ya estábamos completamente descolocados, nos enteramos de los gritos de los 150 pasajeros que se oyeron a bordo, en el momento antes de morir y se informa que el siniestro fue provocado por el copiloto, Andreas Lubitz, con un historial depresivo, quien decidió estrellar el avión.
Inmolarse inmolando.
Una locura, sí. Pero ocurre.
Como en nuestro país donde, guardando las distancias de la obligatoria profundidad que separa a las dos tragedias y desde nuestro humilde punto de vista, alguien al control de nuestro vuelo vital, junto a más de 30 millones de compatriotas, se acerca a su inmolación inmolándonos.
¿Suicidio?
No. Los suicidas se acaban ellos solos. Es una faena absolutamente personal, no colectiva.
*
Cuando las negociaciones entre el Gobierno colombiano y las FARC, en La Habana, alcanzaron su punto de no retorno, y mientras Cuba como Estados Unidos se preparan para hablar de Derechos Humanos el martes próximo en Washington, la contradicción venezolana desde el punto de vista socioeconómico o político sobrepasa cualquier nivel de racionalidad.
Cuando Nicolás Maduro y esta especie de guerrilla atrincherada en el poder le corta y le niega cualquier salida al país, secuestrándolo prácticamente, al costo que sea, incluso una crisis alimentaria y de supervivencia y seguridad, no queda más que mirarnos perplejos como en el vuelo GWI9512.
Porque para nada, ¡para nada!, el Presidente de la República ni su equipo han comenzado a compartir con la ciudadanía una mínima muestra de comprensión y de dolor sobre el agudo y violento problema de sobrevivencia cotidiana que nos amenaza.
Galopante. Fulminante. Violenta.
El tejido ciudadano casi ha desaparecido en el levantamiento de emergencia de una improvisada red de redes de mercado negro, de alimentos y de insumos, donde se quintuplican los precios al borde de lo delincuencial, en un cotidiano combate contra la nada, para permanecer, para continuar, para persistir.
Y el Gobierno hace oídos sordos a lo que pasa.
Agitándose e intentando agitarnos con espantapájaros, monigotes y espantajos de feria para ignaros, analfabetos e iletrados, traídos de otras galaxias o desde su fantasía, ante un país que, como el fatídico vuelo, se precipita sin nadie que lo conduzca.
O, peor aún, quien lo conduce lo lleva voluntariamente hacia el aniquilamiento y la ruina, sin importarle lo que éramos.
Lo que fuimos.
Tomados prisioneros por unas mentes descarriladas que no tienen más pertrechos que (completamente fuera de sincronismo) convocar recurrentemente al Apocalipsis.
Y lo que espanta es el nivel de desconexión con la totalidad del país, con el otro.
A veces da la impresión de que en Venezuela, en lugar de con un Gobierno electo democráticamente, se estuviese tratando de negociar con un grupo que ha capturado un Estado y se encuentra atrincherado en el Palacio de Gobierno con todos sus rehenes, sus prisioneros, sus víctimas.
¿Cómo las FARC? ¿Como Cuba? ¿En la Cumbre de las Américas, en Panamá? ¿Al igual que en las negociaciones de las FARC, en La Habana, con el gobierno de Colombia? ¿O las de Cuba, con nada más y nada menos que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica?
Pero, ¿qué puede negociar Nicolás Maduro con Obama?
¿Qué quiere, más allá de la retórica?
¿Qué espera?
¿Que le cambie a los siete enjuiciados por Leopoldo López o por Antonio Ledezma o por los alcaldes y estudiantes prisioneros en sus manos por protestar, como si fueran los disidentes cubanos presos de La Cabaña?
En este sentido, las sanciones de Obama a los siete funcionarios de alto rango del gobierno de Maduro, acusados de violar los derechos humanos, envueltas en la declaración de Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria” a la seguridad de los Estados Unidos, aunque para ellos se trate de un lenguaje jurídico estándar requerido por su jurisprudencia para dictar sanciones financieras, no le han servido a la oposición venezolana para (pragmáticamente) ponerle al Gobierno los puntos sobre las íes y levantar una polémica.
Porque, aclaremos algo: hay momentos en los cuales la construcción de una proposición política en los que no puedes dejar que te impongan una narrativa. Y menos en una situación tan caliente como la que enfrentamos en Venezuela.
A esta oposición le pasa lo mismo que a aquella otra, con lo de “La Cuarta República” y “La Quinta República”, que las compraron sin discutir. Es como con lo de DAKA, cuando quedaron privados. Ahora, con lo de Obama, cuando el Gobierno les habla de una conspiración internacional, lo copian.
¿Y eso por qué?
¿Por qué la oposición no termina de montarse sobre el potro salvaje y galoparlo con coraje, como se galopan las crisis? ¿Por qué no ponerse por encima del discurso gubernamental y pedirle a Estados Unidos que expliquen por qué han tomado estas decisiones y con base en qué se congelan las cuentas a esos siete señores?
¿Por qué no se informa y preguntan cómo es que estos señores tienen dinero en Estados Unidos (o donde sea) y les piden que enseñen al mundo esas cuentas? ¿ Y por qué no preguntarle a Washington cómo es que nos iguala con esos otros países a los cuales les han aplicado ese mismo procedimiento “legal normal”, como Siria o Birmania?
Hacer eso le impediría al Gobierno evadir y los obligaría a poner el acento en la corrupción y en esas fortunas no reportadas ni confesadas, hechas a la sombra del poder.
¿Y por qué no lo hacen entonces? ¿Complejos? ¿Miedo?
¿Calculan en la oposición que esta decisión les puede permitir, más allá de lo urgente de esas preguntas, el apoyo de ese 20% o 30% chavista que sigue apoyando lo que sucede en Miraflores?
¿Por qué no se piden explicaciones sobre los siete de la lista y se le pregunta a los gringos qué piensan hacer con esos activos congelados? ¿Nos lo devuelven? ¿Se los quedan?
Tal como es el comentario internacional, “Obama debería haber anunciado las nuevas medidas simultáneamente con la revelación de los datos sobre los miles de millones de dólares escondidos en bancos extranjeros por funcionarios venezolanos de alto rango”. ¿Pero acaso guarda toda esta documentación para desarmar a Nicolás Maduro en la Cumbre? ¿O la utiliza como su munición para negociar?
Estamos en las proximidades de unas elecciones parlamentarias, en un país vapuleado por una crisis inmisericorde. Aquí, como dice Henrique Capriles Radonski, las cosas han cambiado en la calle irreversiblemente. Se ha producido un cambio político cualitativo y cuantitativo brutal.
¿Qué hará Maduro con todos nosotros los venezolanos si, de repente, se abren en un futuro inmediato todas esas espitas? ¿Y ante una derrota clara en las parlamentarias?
¿Seguirá el gobierno encerrado en la cabina del piloto, con más de 30 millones de pasajeros tocándole desesperados la puerta para que abra, con la delirante voluntad política de estrellar a Venezuela?
¿Seguirá inmolándose inmolándonos?

sábado, 21 de marzo de 2015

"¡No sospecho de nadie, pero desconfío de todos!"

Son ya muchos y largos los años de esta mala historia. Historia escrita con los fluidos viscosos y putrefactos de los más bajos instintos que el ser humano sea capaz de albergar, visto lo hasta ahora visto, y con pronósticos de ponerse peor. Escrita desde las fauces babeantes de la envidia y el resentimiento, desde la necesidad visceral de la detentación del poder, por el poder mismo, por la multi orgasmia que imaginarse instalado en él produce a los que van por la vida sin honor, sin dignidad ni autoestima, soñando con lujos y riquezas de fácil obtención y, sobre todo, saldando cuentas que, reales o imaginarias, solo a ellos se les ocurre llevar registradas en una libretita mugrienta de tanto sobarla, como un escapulario. Más triste aun, que algunos, muy, muy abajo en la escala de la iniquidad, pero muy alto en la de la idiotez, disfruten desde su miseria en el festín de las migajas, las conquistas de quienes, de palabra y muy condicionalmente, les "reivindican"; se vean representados en sus lujos y prepotencia, en su odio y patanería. Hasta que aquellos se convierten en sus verdugos. Pero así es la cíclica historia de la humanidad en sus procesos de limpieza que ahora nos tocó en propia piel.

A diario leo las noticias, las redes sociales, los comentarios y los análisis sobre Venezuela, su crisis, la inseguridad, la inflación, desempleo, compra desmedida de armas, hospitales que no funcionan, servicios públicos de inframundo, la corrupción, presos políticos, estudiantes asesinados, presuntos nexos con el terrorismo internacional, drogas, lavado de dinero, el abuso de sus funcionarios públicos, la escasez, la falta de oportunidades y ese largo etcétera que agobia, aturde, sofoca y me parece que todo fuera parte de una composición teatral, literaria, una novela de esas que, en aquellos años de "éramos felices y no lo sabíamos", nos sentábamos a ver en familia, noche tras noche, subyugados por sus retorcidas tramas; pero no, ninguna le llegó ni a las pantorrillas a la truculencia de la realidad del socialismo del siglo XXI. Se volaron la barda, record Guinness, barbarazo, tremendo, enorme, increíble, extraordinario. Difícilmente se les pueda superar porque, además y con gran entrega, ellos se superan día con día, tanto, pero tanto, que sin pensarlo, digo yo, han quemado sus naves. ¡Oh, tragedia!

Y es una tragedia cuando, v.g., un grupo de asalta bancos experimentados, por una falla en el plan, asesinan a varios de los empleados y clientes, toman rehenes, los cerca la policía, ven cerradas las salidas y saben que negociar significa ir a la cárcel, de todas, todas. Entonces el pánico se mete en los tuétanos y buscan huir, hacia adelante; el resto es cuestión de escalas.

Ojalá los políticos y analistas de oficio de la oposición democrática venezolana sepan muchas cosas que el común de los mortales no sabemos y que esa distancia que parece crecer entre lo que la gente piensa y los políticos dicen y hacen no es más que parte de la "estrategia"; y que esa panacea a la que llaman "elecciones legislativas" lo sea en realidad. Otro "ojalá" y no nos salgan con que ganamos pero nos robaron y como el que nos robó es el mismo que debería cuidar que no nos roben estamos jodidos, oootra vez. ¡Ah, y no hay plan "B" porque el plan "B", que debió ser el "A", ya lo quemó Leopoldo con "La Salida" y segundas partes nunca fueron buenas...y, siguiendo con las habituales cantinfladas: "¡así que calladito y derechito para su casita que el 2019 está a la vuelta de la esquina y ahí si que le vamos a ganar al bigotudo, que si Ud. lo ve desde otro ángulo podría ser hasta peorcito él, ¿no me le parece?!"

Nos "empavó" Cristobal Colón al bautizar a esta tierra de gracia como "Venezuela" o "pequeña Venecia"...aquella, la del mar Adriático, se hunde dos milímetros por año por causa del calentamiento global; esta, la del mar Caribe lo hace a metros por segundo por el enfriamiento de las bolas de los venezolanos que, dado su oficio, les toca liderar la emancipación del país de las fauces totalitarias; pero prefieren darle tiempo al tiempo porque, según vaya viniendo, vamos viendo.

"¡No sospecho de nadie, pero desconfío de todos!" Mario Moreno Reyes - Cantinflas

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