lunes, 15 de agosto de 2016

A casi 18 años de su partida: Florence Griffith Joyner

En ocasión de los Juegos Olímpicos Río 2016 retomamos una publicación del año 2008, a días de conmemorarse diez años de la partida de la reina de la velocidad. Los años no han ayudado mucho a aclarar las controversias.





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EL MUNDO
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DEPORTES
Martes, 22 de septiembre de 1998

La ex atleta, de 38 años, se retiró meses después de ganar tres oros en Seúl debido a los rumores de dopaje - Sufrió un ataque cerebral en 1996 cuando viajaba en avión - «Todos intuimos que se dopaba», según un médico de la Federación Española


Adiós a la reina de la velocidad


Florence Griffith-Joyner fallece de un ataque cardiaco con sus records mundiales aún vigentes


FELIPE CUNA

ESPECIAL PARA EL MUNDO

NUEVA YORK.- «Todos mis records serán superados algún día». Florence Griffith-Joyner no podrá ver cumplido su propio vaticinio, las palabras que pronunció tras los Juegos Olímpicos de 1988, en el esplendor de su carrera. La atleta norteamericana falleció ayer en Los Angeles, a los 38 años, a causa de un ataque cardiaco, con sus plusmarcas de los 100 y los 200 metros aún vigentes una década después de su portentosa exhibición en Seúl, donde colgó sobre su cuello tres medallas de oro.

«Estábamos deslumbrados por su velocidad, fascinados por su talento y cautivados por su estilo», afirmó Bill Clinton en un comunicado emitido en Nueva York, donde asistía a la asamblea anual de la ONU (Organización de Naciones Unidas).

Clinton.- El presidente de los Estados Unidos, que en la tarde de ayer soportaba el durísimo trance de la difusión televisiva de su declaración ante el fiscal Kenneth Starr sobre el caso Lewinsky, no ahorró palabras de elogio para quien ya forma parte de la leyenda. «Aún viviendo en la cumbre del deporte mundial, nunca olvidó de donde venía, dedicando su tiempo a ayudar a los niños, especialmente a los que crecían en los barrios más desfavorecidos», recordó.

El súbito fallecimiento de Griffith-Joyner, la atleta que para demostrar el amor a la patria se pintó un día las uñas con los colores de la bandera nacional, pasó ayer desapercibido para las grandes cadenas, convertido en un pequeño punto y seguido cuando el presidente estaba en el servicio durante su testimonio.

Greg Foster.- Le tocó el turno a Greg Foster, antiguo campeón del mundo en los 110 metros vallas, de revelar al mundo la muerte de la atleta, después de mantener una conversación con el hermano de la fallecida, Al Griffith.

«Era una mujer perfecta, amante de los niños y una gran persona. No es la primera vez que había sufrido un ataque como éste, pero siempre mantuvo su vida privada y sus problemas médicos para sí misma», dijo Foster a la cadena de televisión CNN.

Antecedentes.- En 1996 ya tuvo otro ataque de aplopejía durante un viaje en avión que realizaba desde California a San Luis. Entonces estuvo dos días en un hospital y ordenó al centro sanitario que no se facilitara información sobre su estado de salud y las causas de sus problemas de salud.

«La familia olímpica está triste e impresionada por su muerte», comentó desde Colorado el presidente del Comité Olímpico Norteamericano, Bill Hybl. «Era una imagen perfecta a seguir por las adolescentes y las mujeres norteamericanas y su legado será permanente. La echaremos mucho de menos», añadió.

Griffith mantenía todavía los records se los 100 y los 200 metros lisos y su marca de 10:49 en los 100 metros lisos, lograda en los Campeonatos de Estados Unidos de Indianápolis, en 1988, sigue siendo un crono al que nadie se ha acercado todavía. Después de regresar de Seúl con tres medallas (100, 200 metros y 4x100) aumentaron los rumores de que había tomado esteroides y anabolizantes, y una revista alemana publicó que había consumido sustancias prohibidas. Griffith y su esposo, Al Joyner, negaron que sus records se debieran al uso de drogas y la Federación de Atletismo norteamericana salió en su defensa afirmando que durante 1988 la atleta fue sometida a 11 análisis antidopaje y todos sus resultados fueron positivos.

«Jamás se olvidará a esta atleta extraordinaria, desgraciadamente, su vida se ha consumido tan rápido como sus carreras», comentó Primo Nebiolo, presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF).

Dudas.- Craig Mashback, el presidente de la Federación de Atletismo de Estados Unidos, dijo que los aficionados «tienen derecho a cuestionar sus cronos porque cuando se logran unos tiempos tan especiales todo es posible». «Hay gente que dice que fue porque tomó drogas y esteroides, pero hay que recordar que antes de 1988 Florence ya era una gran atleta», añadió.

Por su parte, Juan Manuel Alonso, médico de la Federación Española de Atletismo, afirmó ayer: «Todos intuimos que Griffith se había dopado. En los Mundiales de Roma de 1987 su imagen seguía teniendo un aspecto extraordinario, el de una mujer bellísima. Un año después, en los Juegos de Seúl, parecía una mujer de gimnasio, de culturismo», declaró.

Debate.- En París, el presidente de la Federación Internacional de Medicina Deportiva, el brasileño Eduardo de Rose, afirmó ayer: «La muerte de Florence constituye un golpe al atletismo de élite y reabre una discusión inevitable sobre las consecuencias del consumo de esteroides anabolizantes».

De Rose, que en la actualidad dirige la Comisión Antidopaje del Comité Olímpico Brasileño (COB), aclaró que «cualquier hilación en ese sentido es temeraria» y lamentó que, en el caso de Griffith, los antecedentes puedan conducir el debate «al mismo punto» de las drogas prohibidas.

«Nunca se determinó que Florence Griffith-Joyner consumiera esteroides y es ilógico afirmarlo ahora, sin el resultado de una necropsia, que ignoro si se hará», expresó.

El científico admitió que, independientemente de las causas de la muerte de la plusmarquista mundial de 100 y 200 metros, «está claro» que la utilización de anabolizantes puede causar muerte precoz por problemas coronarios».


sábado, 6 de agosto de 2016

Venezuela: un país en agonía.

Estimados conciudadanos del mundo, sabemos que la historia de la humanidad está llena de episodios vergonzosos en los cuales el poder, por el poder, ha subyugado al ser humano hasta límites inimaginables, en las narices del resto de la humanidad; que si nos damos por enterados es como ejercicio de recuento histórico o bien como espectadores inánimes, indiferentes, porque "eso" no nos está sucediendo a nosotros, "eso" está a miles de kilómetros de nuestro confort, "eso" no sucederá nunca en mi país, sin preguntarnos siquiera ¿habrá algo que YO pueda hacer? Probablemente esto sea lo normal, definitivamente no es lo correcto.

En 1992 Venezuela era un país con los problemas típicos de un país rentista, tercer mundista pero con gran potencial de desarrollo, dependiente en gran medida de los vaivenes de los precios petroleros pero no exclusivamente. Había índices de pobreza que no se correspondían con las capacidades teóricas del estado para desarrollar mecanismos que condujeran a subsanar desequilibrios y reducir desigualdades, creando oportunidades para todos. Había descontento social de los grupos socioeconómicos más vulnerables, que constituyen la mayoría de la población, pero también de la clase media que quería, como es natural y deseable, seguir progresando. Sin embargo no era un país en caos, no era un país violento, no era un país sin oportunidades laborales, no era un país políticamente secuestrado, no era un país en las fauces del hambre.

En ese entonces un barril de petróleo se vendía en nueve dólares.

Esos descontentos, unidos a la épica de nuestras raíces como nación, con la gesta emancipadora de Simón Bolívar a la cabeza, cuyo cultivo y exacerbación en la política, historiografía y, en consecuencia, imaginario popular, convirtieron a un soldado bien apercibido de todo esto, ambicioso, ególatra y traidor, en el protagonista de un fallido golpe de estado en 1992 que, gracias al impacto de los medios y a la blandenguería de Rafael Caldera (presidente que otorga el sobreseimiento de la causa), seis años después, 1998, usando los canales que la democracia facilita, llegó a la Presidencia, para luego destruir, como quien quema la escalera que lo llevó a las alturas, para impedir que alguien más pudiera hacerlo, la democracia misma, sentando las bases de una dictadura bajo su poder omnímodo. Allí comenzó a escribirse una tragedia que hoy, después de 17 años, tiene la cara de una crisis humanitaria en pleno desarrollo y con serias probabilidades de convertirse en una guerra civil.

Hugo Chávez Frías, después de 14 años en el poder, se escapó de lo que debió ser un justo y karmático castigo a su super ego, a su narcisismo, a su resentimiento, a su ristra de errores y malas intenciones al morir víctima de un severo cáncer y supuesta mala praxis de sus médicos cubanos; se escapó porque debió ser él quien cosechara lo que sembró, debió ser él quien respondiera al por qué hay venezolanos comiendo de la basura y muriendo en manos de la delincuencia desatada así como por falta de medicinas y atención médica, luego que se vendiera como el gran benefactor de los pobres, a quienes solamente uso como material electoral.

Durante su mandato los precios petroleros experimentaron la subida más alta en la historia, llegando a US$ 147.25 el Brent y la cesta venezolana a promedio de US$ 109.45. Se estima que los ingresos del país durante su ejercicio del poder estuvieron por encima de los US$ 1.500.000.000.000,00 una suma de dinero descomunal que se dilapidó entre la compra de voluntades con fines electorales, regalos y onerosas concesiones a países latinoamericanos a cambio de apoyos regionales e incluso a países europeos y alguna ciudad en EEUU, compra grosera de armamento, pésimas inversiones y, sobre todo, una brutal corrupción que creo toda una nueva élite económica, llamada "boliburguesía", de millonarios en dólares, convirtiendo a sujetos que antes de llegar a cargos públicos no tenían, literalmente, "donde caerse muertos" en potentados con cuentas en paraísos fiscales de miles de millones de dólares, amén de propiedades lujosas en el "odiado imperio" (EEUU) y otros variados y selectos lugares del mundo.

Hugo Chávez, nadie sabe a ciencia cierta por qué, invistió a Nicolás Maduro Moros, individuo sin formación académica, carisma o capacidad de maniobrar en los mares turbulentos que le legaba su mentor, como su heredero poco antes de viajar por última vez a La Habana para realizarse una operación, la cuál, algunos aseveran, fue lo que lo llevó a la muerte, allá, en Cuba, en diciembre de 2012. Dejó la encomienda al PSUV, el partido político de la revolución, de elegirlo como nuevo presidente si el llegaba a estar incapacitado para continuar en la presidencia. Así sucedió, con una muy estrecha diferencia, de 1.5% de los votos, con respecto al candidato opositor, Henrique Capriles, que contribuyó a profundizar la polarización, los odios y las tensiones políticas y sociales en Venezuela. Los reclamos de la oposición por una auditoría apropiada de los votos no prosperó, haciéndose en su lugar una pantomima de la cual fue cómplice la comunidad internacional, especialmente Unasur y OEA con su tibia actitud ante palmarias evidencias de un fraude continuado por parte del gobierno, prevalido de todo el poder del Estado.

Han pasado tres años desde entonces y no podía haber resultado peor. No es descabellado pensar que al final del día Hugo Chávez odiaba a Venezuela o a los venezolanos y por ello dejó las directrices para investir a Maduro de un poder que no podría manejar, para que no hubiera posibilidad de que lo "superaran" o más aún, dada la lealtad perruna de Maduro a los Castro, para terminar de instalar ese absurdo modelo comunista cubano que acabó con la dignidad de la vida de los ciudadanos de esa isla, en principio, y que ahora lleva a los venezolanos por la calle de la amargura. El coctel de mala administración y destrucción del aparato productivo del país llevado a cabo sistemáticamente durante diecisiete años, la asunción de copartidarios en todos los cargos del Estado, civiles y militares, sin capacidad para desempeñar exitosamente sus funciones y la caída de los precios del petróleo hicieron estallar en mil pedazos el espejismo castrochavista; ya no hay dólares para solapar con importaciones de hasta el aire que respiramos, la incapacidad, la desidia y la corrupción. El tejido empresarial y productivo está roto y el social es una degradante miseria por donde se le mire.

Hoy en Venezuela hay hambre porque las distorsiones económicas ocasionadas por el modelo castrochavomadurista (Castro, Chávez y Maduro) han ocasionado una crítica escasez de los artículos básicos de la dieta del venezolano como harinas de maíz y trigo, arroz, pastas de sémola, margarinas, azúcar, leche, café, crema dental, pañales, jabón de baño, detergentes, fórmulas lácteas para bebés, entre otros, mientras carne pollo y pescado se consiguen a precios que rondan un tercio del salario mínimo mensual el kilogramo y la charcutería, por ejemplo el jamón de pierna, cuesta aun más. Hay hambre porque las posibilidades de generar más ingresos en la familia están severamente reducidas dado los altos índices de desempleo y la dificultad de conseguir insumos para pequeños emprendimientos como la venta de comida popular, perros calientes (hot dogs), empanadas, arepas, que han sido tradicionalmente formas de ganarse la vida para muchos. A diario cierran empresas que ya no pueden soportar la crisis y con ello se incrementa el desempleo y la desesperanza. Las colas (filas) de personas esperando a las puertas de los supermercados que llegue alguno de los productos básicos que aún tienen precios controlados son kilométricas y generalmente comienzan en la noche del día anterior a la compra, que está reglamentada por el número terminal del documento de identidad, lo cual le deja a cada persona sólo un día de oportunidad para "tentar la suerte" de que después de muchas horas de espera no le digan que no hay nada.


Comen de los desperdicios de los restaurantes para paliar el hambre.


Todo esto ha generado una nueva suerte de comerciantes inescrupulosos, personas a motu propio pero también grupos organizados en los cuales se dice hay funcionarios del oficialismo, policías y militares involucrados, que son llamados "bachaqueros", que se hacen por todos los medios posibles, incluyendo las amenazas, la violencia, extorsión y el soborno, de los productos de la dieta básica para luego revenderlos a precios diez veces por encima de su valor. Esto incluye medicamentos.

Mientras tanto, el régimen sigue empeñando todos los esfuerzos que debería estar utilizando para solventar la crisis en estrategias y tácticas para mantenerse en el poder a toda costa, evitando la ejecución del recurso constitucional del Referéndum Revocatorio que de realizarse en 2016, como debe ser, ejectaría del poder no solo al presidente sino a todo el gobierno; de postergarse, como es la intención del régimen, para el 2017, sacaría a Nicolás Maduro de la presidencia pero todo lo demás quedaría igual. Estos esfuerzos incluyen la violencia física y encarcelamiento contra los opositores, como Leopoldo López, que lleva más de dos años injustamente preso en una cárcel militar, pero sobre todo la violencia institucional. Aun más descaradamente que cuando Hugo Chávez gobernaba, el régimen de Maduro ha terminado de quitarse la careta administrando al Tribunal Supremo de Justicia como se administra a un bufete privado de abogados para, torciendo groseramente la Constitución, anular todos los actos de la mayoritariamente opositora Asamblea Nacional, que es el Congreso o Parlamento de la República, elegida por abrumadora mayoría de votos en las elecciones del pasado 6 de diciembre de 2015 e instalada el 5 de enero del año en curso y que constituye en estos aciagos momentos la única institución legítima del Estado. Los intentos del ente legislativo por ejercer sus funciones constitucionales y liderar una re institucionalización de Venezuela son diariamente pisoteados por el régimen a través de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que anula arbitrariamente sus resoluciones y los constantes gruñidos de Nicolás Maduro quien ha amenazado con disolver el Parlamento, con lo cual se desconoce la voluntad del electorado que les eligió, dando fe de cuán demócrata es el régimen en el poder y agregando condimentos a este explosivo caldo del cual la ciudadanía da cada día más muestras de estar harta.

Nuestra situación es real y abrumadoramente crítica. Hay hambre, desnutrición; la gran mayoría de los venezolanos hemos perdido peso en escalas que van, entre la gente que conozco y con quienes converso en las colas (filas), entre 10 y 25 kgs. El hambre constante por la baja ingesta de calorías es un castigo que no se merece ningún ser humano, sobre todo si los recursos que su país produce han sido suficientes para que su nivel y calidad de vida estuviera a nivel de los países de primer mundo, de no haber ido a parar al bolsillo de los corruptos o a las arcas de otros países a quienes se les ha comprado no sólo mercaderías sino también conciencias para mantener silencios cómplices ante los crímenes de lesa humanidad que aquí se están cometiendo.

La única salida viable, en el marco democrático, pacifica y electoral es el referendo revocatorio, es un derecho contemplado en nuestra Constitución y debe ser realizado sin los obstáculos que está interponiendo el régimen, este año. Cualquier otra cosa apunta a la permanencia de facto del régimen en el poder y la profundización de la crisis humanitaria. Necesitamos del concurso de cada venezolano para hacer valer nuestro derecho a un cambio de gobierno que traiga a la vez el cambio del modelo económico que nos ha arruinado; pero también necesitamos de la ayuda internacional. Organismos como la OEA y ONU deben actuar de manera contundente para que el régimen respete la Constitución, los presidentes de los países democráticos del mundo deben alzar enérgicamente su voz para exigirlo.

Estimados conciudadanos del mundo, sabemos que la historia de la humanidad está llena de episodios vergonzosos en los cuales el poder, por el poder, ha subyugado al ser humano hasta límites inimaginables, en las narices del resto de la humanidad; que si nos damos por enterados es como ejercicio de recuento histórico o bien como espectadores inánimes, indiferentes, porque "eso" no nos está sucediendo a nosotros, "eso" está a miles de kilómetros de nuestro confort, "eso" no sucederá nunca en mi país, sin preguntarnos siquiera ¿habrá algo que YO pueda hacer? Probablemente esto sea lo normal, definitivamente no es lo correcto.

Ojalá, los ciudadanos que conocen de nuestra situación quieran también hacerse presentes de alguna forma. Habrá todo un país agradeciéndoles.

José Bianco

PD:
Como una forma de captar recursos para ayudar a alguna gente muy necesitada de nuestro entorno estamos construyendo esta iniciativa a través de la cual ofrecemos a usted una tarjeta de Navidad electrónica con motivos venezolanos que podrá descargar gratuitamente y, si desea ayudar, hacer un donativo. No somos una ONG ni una institución de caridad registrada, tampoco buscamos lucrar de esta tragedia; simplemente queremos hacer lo que esté a nuestro alcance para ser útiles a y solidarios con nuestros hermanos. Cualquier aporte a través de la cuenta PayPal será profundamente agradecido.

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sábado, 9 de mayo de 2015

Venezuela: ¡Perversidad en grado de excelencia!

El artículo que anexo a continuación es una síntesis macabra de lo que ocurre en Venezuela. ¿Cómo se puede explicar que un Gobierno haga esto? No existe referencia alguna de racionalidad, de responsabilidad con las funciones del Estado que justifique tamaña distorsión social, rayana en crimen de Lesa Humanidad. 

Y es así como se está manejando todo en mi desgraciado país, porque lo que ha hecho el castrochavismo con Venezuela es eso, desgraciarla a niveles impensables, en lo económico, lo moral, lo social, en la aplicación de justicia, en la autoestima misma de cada venezolano de bien.

¿Es parte del "plan"? ¡Perversidad en grado de excelencia!



SANTUARIOS DE DELINCUENTES PROTEGIDOS POR EL RÉGIMEN: “Zonas de paz” encubren reinado de terror del hampa

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DolarToday / May 8, 2015 @ 4:00 pm
Los constantes episodios de violencia que ocurren en los complejos urbanísticos desarrollados por el Gobierno venezolano del programa Misión Vivienda, o la zozobra permanente en la que viven los habitantes de las “Zonas de Paz” instauradas por el Ministerio del Interior, pueden atribuirse a hechos cotidianos que ocurren como consecuencia de los altos índices de violencia que hay en toda Venezuela; sin embargo, la realidad se esconde detrás de mecanismos de control social que ha implementado el Gobierno venezolano, en los cuales se les ha permitido a grupos delictivos que sean los que establezcan normas de convivencia al margen de las leyes.
panampost.com / Thabata Molina
La masacre ocurrida el pasado 26 de abril en el complejo urbanístico Lomas de Guadalupe II, en Ocumare del Tuy, a una hora de Caracas (en una “Zona de Paz”), donde fueron asesinadas diez personas que se encontraban en una fiesta, mostró al país el verdadero rostro de la anarquía y la impunidad instaurada en estas áreas protegidas por el Gobierno venezolano.
Los diez asesinados (seis de ellos de una misma familia) y tres heridos, fueron separados del resto de los asistentes a la fiesta por los pistoleros y luego masacrados sin piedad, en una balacera que duró 20 minutos. El urbanismo, que congregaba a 60 familias, quedó prácticamente vacío después del hecho, porque los exresidentes tienen miedo a las bandas criminales que operan en la zona.


No solo fueron estas 10 víctimas en un mismo episodio, sino que al día siguiente, un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana fue asesinado por la explosión de una granada, en pleno operativo que realizaban en otro complejo de Misión Vivienda, conocido como Betania II, para hallar a los homicidas que participaron en la masacre.
¿Cómo empezó todo esto?
En septiembre de 2013 se comenzó a hablar de las ahora famosas “Zonas de Paz”, implementadas en los municipios con los índices delictivos más altos del estado Miranda, en el centro de Venezuela, como parte del “Movimiento Por la Paz y la Vida”, impulsado por el Gobierno de Nicolás Maduro. Se decía que la intención era desmovilizar a las bandas delictivas de la zona, a fin de incorporarlos a la sociedad, a través del trabajo comunitario y el desarme voluntario.
El discurso oficial pretende ahora hacer ver que no existen tales “territorios de Paz”, a pesar de que durante los últimos 18 meses, José Vicente Rangel Ávalos, viceministro de Política Interior y Seguridad del Ministerio de Relaciones Interiores ha hablado en reiteradas oportunidades sobre el trabajo que supuestamente estaba realizando su despacho en estas localidades.


En un informe elaborado a finales de 2014 por el Grupo Antiextorsión y Secuestros de la Guardia Nacional, los militares advertían que en el área de Barlovento, en el estado Miranda, estas zonas de paz se habían vuelto “campo de actuación criminal”, a consecuencia de las constantes restricciones que tienen los organismos de seguridad del Estado de hacer procedimientos e investigaciones en estos sectores delimitados por las autoridades del Ministerio de Relaciones Interiores. El informe señala la existencia de por lo menos seis bandas delictivas dedicadas a la extorsión, el secuestro, narcotráfico y sicariato en esa zona, que está a menos de cien kilómetros de la capital.
A su vez, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, que es la principal policía de investigación criminal de Venezuela, también recibió órdenes directas de no realizar procedimientos en las Zonas de Paz. En un comunicado enviado a los funcionarios se les ordenó que, en caso de que ocurra alguna irregularidad en estas áreas protegidas, solo deben ser notificadas a la superioridad.
Estas medidas fueron ordenadas a consecuencia de lo ocurrido en enero de 2014, cuando un grupo de delincuentes, conocidos como “Los Orejones”, tomaron el pueblo de Ocumare del Tuy y amenazaron con atacar la sede del Cicpc, después que tres de sus integrantes fueran ultimados en un procedimiento con la policía científica. Los delincuentes cercaron la entrada al pueblo y con sus armas largas amedrentaron a los habitantes y comerciantes de la población, sacaron a los niños de los colegios y amenazaban con arremeter contra los cuerpos de seguridad.
“Esto se va poniendo cada vez peor; los medios que utiliza el Gobierno y que para controlar a los delincuentes son pura pantalla, porque por debajo lo que hay es apoyo al crimen. Las zonas de paz son auténticos refugios de malandros, que solo han servido para el aumento de la delincuencia. De eso puede dar fe cada una de las policías de esas zonas y la gente que vive ahí. Esa es una prueba de la protección del delito por parte del Estado”, expresó el padre Alejandro Moreno, quien es psicólogo y doctor en Ciencias Sociales con más de 30 años de experiencia en trabajo social en barrios de Caracas.
En principio se dijo que lo que se buscaba con las “Zonas de Paz” era evitar los enfrentamientos entre bandas delictivas. Se trataba de una especie de pacto de no agresión entre grupos, con la intención de reducir la cantidad de homicidios en esas áreas. Sin embargo, al prohibírseles a los cuerpos policiales la realización de operativos en estos lugares, las bandas criminales dejaron de enfrentarse entre ellas, pero continuaron azotando a sus comunidades.
“¿La gente del Gobierno pensó que con un discurso de amor y paz iba a apaciguar la violencia? Lo que hicieron fue crear espacios para resguardar más delincuentes. Esas zonas de paz son solo un refugio de criminales a los que no tiene acceso la policía”, expresó Javier Gorriño, exfuncionario de la antigua Policía Técnica Judicial.
Tanto Gorriño como otros expertos han señalado que el Gobierno utiliza la violencia de los delincuentes para cohibir a la población de protestar. El secretario de la opositora Mesa de la Unidad Democrática, Jesús Torrealba, señala que “los colectivos (grupos paramilitares prooficialistas) apoyan al Gobierno cuando el Goblos llama, y mientras no los llaman, con las armas que les dio el Gobierno, roban y matan a la población”.+
Desde la cárcel para la sociedad
La misma ola de violencia de las zonas de paz se replica con regularidad en las estructuras de Misión Vivienda. La falta de control y supervisión dentro de esas comunidades ha hecho que prolifere la estructura de organización idéntica a la que impera en las cárceles venezolanas, donde un “pran” o líder se impone, se hace acompañar de un grupo armado y someten a los habitantes de los edificios.
“Es que la estructura de las cárceles está pasando a la sociedad. Todo parece un plan del Gobierno, donde se les va dando poder a estos “pranes”, que normalmente están vinculados del alguna manera al poder del Gobierno, para que sometan a la gente. Ellos no hacen nada por eliminarla, sino que más bien las organizan”, expresó Moreno.
No es casual que justamente de un urbanismo de Misión Vivienda ubicado en el oeste de Caracas hayan vivido los delincuentes que asesinaron al diputado oficialista Robert Serra en octubre de 2014, después que su escolta Edwin Torres los contratara para tal fin. En esos mismos edificios (con unos 500 apartamentos cada uno, los más grandes de la Misión Vivienda en Caracas) y conocidos popularmente como “Rodeo I” y “Rodeo II”, en alusión a dos cárceles del estado Miranda, desde que fueron inaugurados en 2013 han ocurrido múltiples homicidios, allanamientos y enfrentamientos entre las bandas que allí operan.
De acuerdo con el diario venezolano El Nacional, solo durante los primeros 4 meses del 2014, han ocurrido 19 homicidios en distintos complejos de la Misión Vivienda en el área Metropolitana de Caracas. Estos hechos se han vuelto recurrentes en urbanizaciones construidas por el “chavismo”, donde la cotidianidad de sus habitantes incluye homicidios, tráfico de drogas y conflictos hasta por el control de los apartamentos.+
“No hubo ningún tipo de control sobre la gente que iba a vivir en esos apartamentos. Se le entregaron a cualquiera y poco a poco se fueron llenando de delincuentes. Ahí –en Misión Vivienda- hay gente que no está contenta con eso, que son sometidos por las bandas, que tienen que pagarles por seguridad a esos grupos de delincuentes que controlan todo, igual como sucede en las cárceles del país, que les cobran a los presos por respirar”, advirtió Gorriño.
El experto señaló que en el caso de los complejos habitacionales construidos por el Gobierno venezolano, la prohibición de las policías de entrar a estos edificios es un pacto similar al que las autoridades del Ministerio de Servicios Penitenciarios tienen con los pranes en las cárceles.
“Mientras ellos mantengan ‘la paz’ dentro de los penales, nadie se acuerda que existen los pranes. Lo mismo pasa en Misión Vivienda, mientras esos malandros se encarguen de mantener a la gente controlada y sometida, no habrá ninguna autoridad que entre a esos edificios a buscarlos”, dijo.
Todavía falta ver si verdaderamente se ejecuta la orden que fue dada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de “sacar de los apartamentos de los complejos de Misión Vivienda a todas aquellas personas que estén implicadas en la comisión de algún delito”, luego de que se cometieran los diez homicidios en Ocumare del Tuy.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Empeora la desgracia de Venezuela

CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

A Venezuela hay que verla con la conmiseración necesaria ante un pueblo que sufre de una pobreza autoinfligida por esa generación de gobernantes iluminados que ha fracasado rotundamente, pero que hoy no hay manera de sacar del poder.
Pero por más lejanos que nos sintamos de la terrible realidad de ese país, a Venezuela hay que verla también como un ejemplo de lo que no debemos nunca más repetir en este país.
Y es que hoy no son pocos los que a pesar de la evidente desgracia del pueblo venezolano alaban el modelo de socialismo bolivariano que ha destruido la economía y las esperanzas de los venezolanos.
No sólo eso, proponen que México adopte un modelo similar al venezolano y cuando les pides que justifiquen el rotundo fracaso aseguran que todo es culpa del complot y sabotaje de los oligarcas e imperialistas que se confabulan para descarrilar al socialismo del siglo XXI, como le llaman.
La inflación en Venezuela es apenas un cálculo de los analistas, ante la ausencia de información oficial, pero parece cercana a 80%, con una caída esperada del Producto Interno Bruto este año de 7 por ciento.
Y esto que debería ser más que suficiente para hacer correcciones importantes, es por el contrario un motor para insistir en las decisiones autodestructivas.
En un país en donde más allá de la inflación el problema es la escasez, Nicolás Maduro decretó un aumento de 30% a los salarios. En primer lugar, al Ejército, que lo mantiene en el poder, y después a los mínimos y a los burócratas.
Hoy en Venezuela la escasez de productos tan básicos como el azúcar o la leche en polvo alcanza 80% y en el terreno de las medicinas llega hasta 95 por ciento.
Es un país, por ejemplo, donde no hay anticonceptivos ni preservativos, es un país entonces camino a generarse además problemas demográficos y de salud.
La falta de lo básico en Venezuela no es un asunto generado por la caída en los precios del petróleo, porque aun en los tiempos de los barriles del crudo venezolano en más de 100 dólares, ya no había una gran cantidad de bienes disponibles.
Es un modelo autoritario fracasado, es la visión mesiánica de un Nicolás Maduro que viaja a todo lujo y despilfarra mientras su gente muere de hambre.
La mejor opción que tiene Venezuela es dar un giro total a las políticas populistas de izquierda que terminaron con esa economía, pero ante lo complicado que se ve que los chavistas dejen el poder, lo que queda es que desde esa cúspide emprendan las medidas correctivas urgentes que salven a la población y en una de esas hasta su propio pellejo.
Devaluación de su moneda, reajuste monetario, un pacto antiinflacionario y respeto a los demás agentes económicos serían tan sólo algunas medidas emergentes de salvamento.
Desde el exterior se condena la injusta encarcelación de los opositores, pero hay poco que hacer para cambiar el destino económico de ese país. Tristemente, hay que esperar a que se presente una crisis humanitaria por la falta de alimentos, antes de que pueda haber una condena mundial.
Por lo pronto, Venezuela ahí está como el ejemplo que muchos políticos de la llamada izquierda mexicana nos ponen como el modelo a seguir. Es ahí donde más nos vale estar bien informados.

domingo, 5 de abril de 2015

Estar peor...

Recomiendo leer: "Estar peor", por Gonzalo Himiob Santomé
Fuente: http://runrun.es/opinion/contravoz/196161/estar-peor-por-gonzalo-himiob-santome.html

Estar peor por Gonzalo Himiob Santomé



L
a pastilla de jabón, delgada ya como una hoja, dijo su último adiós esa mañana. Se arrepintió inmediatamente del reproche que en su mente nació para su esposo, que se había levantado y bañado antes que ella. Ni siquiera los nuevos hábitos de baño que la crisis les había desarrollado le sirvieron para lograr que la breve espuma que logró le limpiase poco más allá de sus piernas y sus manos. No le quedaba champú, pero le quitó la tapa al envase y lo llenó con un poco de agua de la ducha, y tras batirlo un poco, logró algo parecido a una solución jabonosa que hizo el truco. Al menos hoy también saldría limpia de su casa. El pelo tendría que lavárselo en la peluquería, si es que allí tenían champú o enjuague. Por supuesto, sería mucho más costoso que hacerlo en casa, y como decimos acá “la masa no está pa´ bollos”, pero aunque no era de las que vivía metida en el salón de belleza, tampoco podía ir por la calle con la cabeza disfrazada de escoba. “Primero muerta…”, pensó, como buena venezolana, mientras iba a vestirse, pero al menos antes de salir a hacer mercado tendría el consuelo de un café… o eso creía.

La cesta de la ropa sucia estaba llena. La falta de detergente también había hecho de las suyas. Se habían puesto de acuerdo para lavar la ropa primero, una vez cada diez días, y luego, una vez cada dos semanas. El compromiso incluía distribuir las prendas de manera que ambos pudiesen repetirlas al menos una vez por semana. Para su esposo, hombre al fin, la cosa no era tan difícil, siempre se las había arreglado con sus dos pares de zapatos, unos marrones, otros negros, y con dos jeans y tres camisas que alternaba siempre con otro par de chaquetas que tenía desde que se conocían. Cuando salían, él tenía un pantalón beige que combinaba con una guayabera que nunca le dejaba mal. Siempre había sido un chiste privado entre ellos el que incluso cuando podían comprar prendas nuevas, él siempre elegía ropa muy similar, o idéntica, a la que ya tenía, pero incluso así, ella lo sabía, nunca lucía desaliñado. Con las mujeres, sin embargo, es distinto. Hurgó en las casi vacías gavetas de la ropa que le quedaba limpia y halló una vieja franela que hacía juego con el jean que se había puesto dos días antes. Encontró un lamentable consuelo en el hecho de que esa combinación no la había usado desde hacía un mes y en que ese pantalón en particular resaltaba muy bien sus bellas curvas. No se puso tacones. Su experiencia en las colas le recordaba que en estas el glamour debe medir unos cuantos centímetros menos, y de maquillaje solo se puso lo básico. El rímel, la base y el labial se habían convertido en bienes suntuarios, y tampoco era cosa de estarlos derrochando por ahí.
En la cocina su marido, sin rasurarse, la esperaba con una taza humeante y con una mueca en los labios. En la cafetera solo había podido poner una cucharada del café, que se les acabó también, y lo que brotó de ella, un líquido levemente oscurecido, no llegaba ni siquiera a remedo de guayoyo. Cuando estaban recién casados él, que con justicia presumía de barista y sabía de su delirio por el café, siempre la sorprendía con alguna deliciosa creación mañanera. En aquellos tiempos, no eran inusuales el macchiato, el espresso, el latte cremoso o algún otro aromático divertimento matutino que la energizaba y le robaba una sonrisa. Era una de las maneras que él tenía de demostrarle su amor, y a ella le encantaba.
Pero ahora la cosa se parecía más a una carrera de obstáculos: Cuando había café, no había leche, cuando había leche, no había azúcar, y cuando tenían leche y azúcar les faltaba el café. Tampoco ayudaba que las marcas que a veces hallaban en el mercado no tuviesen la calidad de las que antes rebosaban nuestros anaqueles. Algunas eran incluso hasta sospechosas, ajenas, raras. No hay creatividad que pueda con eso. Por un tiempo se mudaron al té, que sí se conseguía, pero el experimento no funcionó. No es lo mismo.
Las arepitas diarias habían pasado a ser un lujo dominguero, y a las areperas dejaron de ir cuando se dieron cuenta de que cada escapada les costaba casi un tercio de lo que valía un mercado básico. Desayunaron entonces unas tostadas con queso y salieron, ya lo sabían, a perder el día entre colas y tumbos, para ver si conseguían lo esencial para aguantar otra semana.
La cola en el automercado cercano a su casa ya casi le daba la vuelta a la manzana. Aparentemente, ese día venderían allí café, dos paquetes por persona, leche, uno por cabeza, y detergente, igual uno por compra. Con tristeza, porque los dos son ciudadanos conscientes, sabían que el hecho de que sus cédulas terminasen en el mismo número era una ventaja. Podían comprar para su hogar, los dos, lo que normalmente otros pueden comprar de manera individual en días distintos, si tienen suerte.
Apenas tomaron su puesto en la fila, resignados ya a su calvario cotidiano, un sujeto mal encarado se acercó para pedirles sus nombres y sus cédulas para anotarlos en una lista. Les dio un papelito y se fue. Luego de esto, otro se les acercó, sonriente, para venderles su “cupo”, muy cercano a la entrada, por 3000 bolívares. Otro les llegó un poco después pidiéndoles, con un dejo de amenaza, que firmaran contra el decreto de Obama. No aceptaron ni lo uno ni lo otro.
Cuando abrió el automercado esperaron tres horas más para llegar al sitio, vigilado por dos policías, en el que una muchacha que se daba aires de importancia decidía quién podía comprar los productos y quién no. Les volvieron a pedir la cédula y el papelito que les habían dado horas antes. La “inspección” de los documentos duró un poco más de lo normal, y las miradas que les dedicaban les hacían sentir como delincuentes, o como mendigos. La muchacha esperaba a alguien, probablemente al que les había pedido que firmaran para derogar el decreto de Obama, pero el tipo no apareció. Tras unos momentos de tensión, pasaron la prueba. Tomaron lo que les correspondía y, luego de otras compras menores, fueron a la caja a pagar.
Otra caja cercana, que según el letrero estaba “cerrada”, mostraba una breve y veloz fila de sujetos uniformados, militares y policías que, a todas luces, no habían tenido que aguantar las mismas penurias que ellos. A juzgar por los bultos que llevaban, tampoco estaban sometidos a las mismas limitaciones de los demás. Su esposo estalló, diciéndole a ella que eso era un abuso, y alzó la voz contra esa arbitrariedad. Era insoportable ser tenidos y tratados como ciudadanos de segunda, y así lo dijo a voz en cuello.
Un policía se le acercó, y en voz baja, pero afilada, le invitó a cerrar la boca, sugiriendo que podía ser detenido in fraganti por “desestabilizador”. Su esposa le pidió entonces, temerosa y humillada, que hiciera silencio. Él la miró a los ojos y, sabiendo que llevaba las de perder en este país en el que la ley y en Estado de Derecho son un chiste, calló. Les habían quitado hasta su dignidad. Ya no podían estar peor.

@HimiobSantome

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